
Igual que no se debe abusar repentinamente de un ejercicio duro, tampoco debemos imponernos una dieta de abstinencia ni comprarnos todos los suplementos vitamínicos o complementos alimenticios que encontremos en la farmacia o el herbolario.
Hay que adecuar nuestra dieta a la práctica deportiva que practiquemos.
En principio, está comprobado que la dieta mediterránea, adoptada ya por la mayoría de los deportistas españoles, es la más equilibrada, aunque sea necesario introducir variaciones concretas si lo que queremos es adaptarla al ejercicio físico
Es necesario que ésta sea ligera y razonable, rica en hidratos de carbono, frutas y verduras.
En cuanto a las bebidas isotónicas … al sudar perdemos agua y sodio y para recuperar eso basta con hacernos en casa una limonada con azúcar, sal y bicarbonato. Da igual beberlos antes, durante o después de la realización de ejercicio, aunque siempre será necesario la ingesta de líquido posterior. El tradicional consejo de tomar azúcar para evitar agujetas, pertenece a la sabiduría popular porque funciona.
Tenemos la dieta apropiada, en general, para cualquier deporte al eliminar grasas, sobre todo las saturadas, y el exceso de proteínas.
Reducir al máximo el consumo de alcohol y excitantes como el café.
Aportar al organismo hidratos de carbono mediante arroz y tomar mucha fruta y verdura.
Los especialistas en nutrición y en medicina deportiva consideran necesario eliminar el mito de que la ingesta de proteínas aumentará la masa muscular o que la bebida enriquecida con vitaminas o isotónica es imprescindible.
La alimentación del deportista debe adecuarse a sus características individuales, sus necesidades energéticas, la disciplina en que participa y las metas que se ha propuesto.